Se recogen en este extracto anotaciones de uno de los cuadernos de campo del ilustre profesor Tikaulu, conocido historiador y licántropo. Su perspectiva de la humanidad muestra una idea recurrente en escritos de eruditos no humanos.

Los bosques eran frondosos antes de que el hombre los aprendiera a explotar.

Eran frondosos, profundos y oscuros, antes de que el hombre abriera sendas a través de ellos, luego senderos, caminos y hasta autopistas de varios carriles.

Los bosques eran refugio y cuna de criaturas difíciles de catalogar por la cordura y aún hay algunos bosques lejanos, perdidos, vírgenes del factor humano… que siguen cobijando algunas cosas impensables.

Al principio la humanidad eran tan pocos como cualquier otro pueblo.

Y también los hombres tenían criaturas únicas.

Al principio de la humanidad abarcaban muy poco. Se movían despacio. Lo que aprendían se perdía en la memoria del tiempo. Sus influencias se limitaban a nivel local y el mundo era tan grande….

Con el tiempo, el ser humano fue creciendo y expandiéndose, y en su crecimiento y expansión tuvo a bien hacer desaparecer, mermar y extinguirse a todos aquellos, humanos o no, que representaran culturas o vidas diferentes.

Muchas tribus humanas se extinguieron.

Muchos que no eran humanos también.

Muchos huyeron, se escondieron, migraron, se reinventaron y encontraron el modo de sobrevivir en otro lugar, en otro rango de acción lejos del hombre.

Pero el hombre va comiendo más y más territorios, no quedan casi escondrijos, no quedan espacios realmente vírgenes donde otros, distintos a ellos, puedan prosperar.

Lo que el afán de conquista o evangelización no asoló, lo asolaron los cartógrafos y curiosos y hoy en día los turistas.

Los mejores, más hermosos y agradables lugares del mundo los invadieron los hosteleros y explotadores turísticos.

Los rincones más fabulosos fueron comprados por gerentes exclusivos y dedicados a la solaz de los ricos y poderosos…

Así que, a los que no lograron huir de todo aquello, les tocó abandonar o enriquecerse e integrarse en los círculos sociales de los humanos que ostentaban el control sobre los territorios de interés.

(…)

(Anotaciones encontradas en uno de los diarios del Profesor Estanislao Tikaulu.

Viena, 2014)